Un Acto de Represión

Durante la masacre del 2 de Octubre de 1968, todos buscábamos huir de las balas, nosotros corrimos hacía Manuel González, varios jóvenes y adultos llegamos al eje vial y ahí abordamos un camión amarillo que iba rumbo a Tlatilco a donde tenía un hermano vivienda en un departamento.
Recuerdo que llevaba una maleta y mi hermano escuchaba noticias por la televisión, donde Jacobo Zabludovsky afirmaba que se reportaban 27 muertos. Mi hermano me preguntó que si venía de Tlatelolco y yo contesté, que no sabia nada de lo ocurrido, pero como era estudiante de la Facultad de Ciencias Politicas de la UNAM, me dijo que me pagaba el mejor hotel pero que me retirara por el bien de su familia. Recuerdo que busqué un taxi y me trasladé a la casa de un compañero que vivía en la Sn. Rafael.
Al otro día partimos hacia un ejido del Estado de México para esperar escondido, información de los compañeros. Hizo un recorrido en ese ejido mexiquense y me di cuenta que había suficientes casquillos calibre 22 entre el pasto y las piedras.
Inmediatamente le dije a mi compañera que nos retiráramos de ese lugar, porque era inseguro. El dueño de ese ejido me pidió que me quedara un día más y me retirara al día siguiente.
Esa noche no pude dormir escuchaba ladrar a los perros permanentemente y cuando me quedé dormido, escuché encima de las láminas de la casa fuertes golpes de gente que caminaban de un lado para otro.
Empezaron los gritos de los policías federales salgan hijos de la chingada con las manos en alto y habrán la puerta. Si disparan ustedes los vamos a matar a todos”.
Don Julián me dijo, solo tengo 3 pistolas y un rifle y lo que usted ordene. A la vez su esposa se hincó delante de mí y sus hijos llorando me dijeron, “nosotros no tenemos necesidad de morir”. “No disparen por favor”, tomé la decisión de quitarle la tranca a la puerta y les grité, vamos a salir con las manos en alto, hay niños, no disparen.
Quité la tranca de la puerta y me recibió uno que le decían el comanche y me empezó a pegar, con la cacha de la metralleta y me caía al suelo, me levantaba y me volvía a golpear. Yo pensé que me iba a matar. Me llevó a una casita que era el gallinero y ahí me siguió golpeando. Él quería que le dijera en donde estaban los líderes estudiantiles y un tal gordolobo. Y como le contestaba que no sabía nada de lo que me preguntaba me siguió golpeando.
Todos teníamos los pantalones hasta los tobillos y a todos nos golpeaban por igual, con las cachas de las pistolas o las metralletas. Hacia mucho frío, esto ocurrió como a las 04:00 hrs de la mañana y cuando salió el sol, el Comanche ordenó que nos llevaron a todos a unas camionetas que estaban al otro lado del río.
En lo personal estuve 40 días secuestrado junto con el Dueño del ejido, durante el secuestro hubo golpes y torturas. Éramos decenas los que estábamos en un jacalón, donde escuchamos cuando golpeaban a algún compañero. Después nos enteramos que nuestros familiares y los comités estudiantiles exigían la presentación de todos los secuestrados. En mi caso diariamente me subían a una camioneta y querían que los llevara, a donde estaban los guerrilleros y a sus casas de seguridad fueron 15 días que por la noche me amenazaban con tirarme a una barranca si no hablaba de sus domicilios, querían saber a donde vivían y donde se escondían los guerrilleros.
Posteriormente, jugaron ruleta rusa conmigo eso significa cargar una pistola en la cabeza y posteriormente me llevaron a Lecumberri allí estuve 7 días en el Apando (un cuarto oscuro sin drenaje y solo entraba aire por donde entraba la comida y un bote para hacer del baño).
En el dormitorio 4M, ahí estuve 2años y 7 meses y ya libre me dediqué al periodismo y a terminar mis semestres de la carrera. Tuve la suerte de convivir con los académicos Eli de Gortari, Pepe Revueltas, Heberto Castillo y muchos compañeros como Cabeza de Vaca, el Dr. Fausto Trejo etc., etc.
Nunca olvidaré el recibimiento que nos hicieron los compañeros que ya se encontraban en la crujía M y C de Lecumberri. Con el puño en alto cantamos la internacional y el himno nacional. Hicimos grupos de estudio y practicábamos deporte para estar con buena salud.
Más adelante hicimos una huelga de hambre y terminó con una balacera contra nosotros, ordenada por el General Andrés Puentes Vargas. Hubo heridos, pero no lograron asesinarnos porque nos atrincheramos en nuestros dormitorios. Y a todos los drogadictos los dejaron que nos asaltaran en nuestro dormitorio, pero no los dejamos entrar.

Artículos de José Manuel Irenn Téllez

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