No se Olvida (I)

(TESTIMONIOS)

Soldados en Tlatelolco portando Mosquetones 1954 (Wikimedia Commons)

En seguida, por casualidad, miré hacia arriba y vi dos bengalas surcar el cielo. Al acercarse filas de soldados por abajo de un puente que está al final de la plaza, una voz en el micrófono, exclamó: “Cálmense, esto es una provocación”. En ese mismo instante fui empujado, me volví mirando hacia los lados y observé que, a tres o cuatro personas de distancia, un individuo siniestro, muy fuerte, alto, cubierto con una gabardina gris oscuro, disparaba contra la multitud indefensa la carga de su pistola.
Un maremágnum de gente y disparos me envolvió. A empujones y golpes me acerqué a la escalera que quedaba a mi izquierda, mirando cómo una masa de militares subía por el cubo de la misma con pistolas en la mano, algunos disparando a mansalva y otros sólo golpeando.
Los compañeros que estaban en el barandal fueron sustituidos, en fracciones de segundo, por estos hombres y por policías de la Dirección Federal de Seguridad que, asomados al balcón, disparaban, vaciando su pistola contra la gente del mitin que se encontraba abajo, desarmada, indefensa, sorprendida y que, a pesar de ello, se acercaba al edificio Chihuahua gritando: “El consejo, el consejo”.
Alguien –fue un compañero de mi escuela- me gritó a los oídos: “Arriba “y, seguramente, al percatarse de que yo no traía mis anteojos, a empujones me hizo subir los tres primeros escalones, perseguidos los dos desde ese momento por los disparos hechos -segundos después lo sabríamos- por los soldados del Batallón Olimpia.

Subí las escaleras a saltos y en el quinto piso miré una puerta que se cerraba: a empujones me colé y tras de mí, violentamente, se cerró la puerta por la que acababa de entrar a saco. Un disparo sonó a través de la hoja y, después, en las escaleras, muchos otros. Al primero de ellos me tiré intempestivamente al suelo de la habitación; una cruenta balacera se había desatado; cientos de disparos nos aturdían y nos impedían movernos. Los cristales de la ventana saltaron destrozados por los disparos de los soldados que, desde abajo, tiraban contra las ventanas y muros del edificio.

Eduardo Valle (El Búho)

Elios Edmundo Pérez Márquez (Recopilación)

eliosedmundo@hotmail.com

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