La Otra Pandemia: La Pobreza Extrema

Por: Salvador Ruiz Sánchez

Por el bien de todos, primero los pobres”
Andrés Manuel López Obrador

  En México la pandemia del COVID-19 ha cobrado más de 50,000 muertes y los peores escenarios la calculan en 144,000 para noviembre de este año.

Lo más triste de las estadísticas es darnos cuenta que, del número tan alto de muertos, el 80% pertenecían a los que vivían en condiciones de extrema pobreza, marginación social, con falta de acceso a la seguridad social y/o con bajo nivel sociocultural. Esto explica por sí mismo que, si bien la pandemia ahora ya no discrimina y que puede contagiar a cualquier persona rica o pobre, mujer u hombre, joven o viejo, con estudios de doctorado o analfabeta, de la zona urbana o la zona rural, religiosa o atea, terminan muriendo los que están mal alimentados, con malos hábitos de vida, con diabetes, hipertensos, anemia, desnutrición y con obesidad, o sea, los que tienen condiciones de salud precarias como consecuencia principal de la desigualdad social.

Los habitantes más susceptibles al contagio del virus son los que tienen que salir a trabajar, los que utilizan el transporte público, las familias que padecen condiciones de hacinamiento, los que no pueden comprar los accesorios de prevención para evitar el contagio, los que consumen alimentos en puestos callejeros, los que viven en lugares insalubres, los que frecuentan los tianguis, los que atienden al público, los que viven en localidades súper pobladas, los que no tienen liquidez para la compra de medicamentos y pago de consultas médicas; es decir, la población más desprotegida económicamente.

La otra pandemia, igual de cruel, es que más del 50 % de la sociedad vive al día, con salarios de hambre, sin acceso a una vivienda digna, a un buen empleo, a la promoción social por medio de la educación, a los servicios de salud, a la recreación, a la cultura, a viajar.

De igual manera el contexto social de ésta población es la desintegración familiar: familias disfuncionales, madres solteras, prostitución, violencia social e intrafamiliar, lo que permite el caldo de cultivo para que los jóvenes, principalmente, sean cooptados por el comercio informal, por empresas con empleos precarios, por el subempleo, por la delincuencia común u organizada.

La pandemia vino a incrementar el número de pobres, el impacto de paralización que sufrió la estructura política y socioeconómica de producción capitalista agudiza la crisis del sistema neoliberal, dejando a millones de trabajadores en el desempleo, los que sin alternativas en el corto plazo van a buscar con desesperación formas de subsistencia, lo que incrementará la sobreexplotación de su mano de obra y la migración interna. La falta de oportunidades traerá un mayor resentimiento social, una sinergia de muerte ante el delito, es decir atreverse a hacer lo que sea para sobrevivir.

Ante la amargura que provoca el sufrimiento de no poder alcanzar una vida digna, de acceso al buen vivir, de comprender que sus aspiraciones para mejorar materialmente cada vez son más inalcanzables y que la pauperización de la vida llegó a extremos inaceptables y que el bienestar social es sólo permitido en el imaginario colectivo, pero no en la realidad. Esto es augurio de inestabilidad económica, política y social.

Por otra parte la opulencia de unos cuantos es regularmente mal habida, producto de la corrupción y del capitalismo salvaje llamado neoliberalismo. Estamos ante una coyuntura única de transformación del Estado Mexicano que reclama la unidad nacional con el concurso de todos los sectores de la sociedad.

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