“El Hermoso Pájaro de la Libertad"

Elios Edmundo Pérez Márquez

Para Natalia, en sus primeras 17 primaveras.

Cuenta la leyenda que allá, en lo más recóndito del bosque, alejado de las otras aves y olvidado de Dios, habitaba el más horrendo pájaro de que se tuviera memoria: tan feo, que ni siquiera tenía alas, pues carecía de plumas, y su cuerpo era una maza informe, cubierto por una piel rugosa, parecida a la de un paquidermo.
A diferencia de las demás aves, que cumplían con una determinada tarea para mantener la armonía del bosque, el espantoso pájaro no cumplía ninguna función y, como no podía volar, arrastraba su fealdad por las orillas del pantano, donde nadie lo pudiera ver.
En alguna ocasión, las aves del bosque, el Búho, la Cacatúa, el Colibrí y todos los demás, se reunieron en Asamblea General, para comentar y encontrarle solución a varios problemas que les aquejaban; entre otros, cómo ponerse a salvo de los constantes ataques que sufrían, por parte de las aves de otros bosques, que destruían su vegetación, lastimaban a sus polluelos y dejaban una estela de dolor y muerte.
También, conmovidos por la suerte del horrendo pajarraco, que llevaba una vida, triste y miserable, lo llamaron a la Reunión y le hicieron una oferta que no podía rechazar.
Cada una de las aves ahí reunidas, el Gorrión, la Alondra, el Perico y todos los demás, le entregarían una de sus plumas, para que dejara de ser un pájaro sin alas y sin plumas, y pudiera volar, sin tener que esconderse.
A cambio de eso, sería el Guardián del bosque y tendría la obligación de avisar a sus compañeros cuando las aves de rapiña invadieran su territorio y sus vidas estuvieran en peligro; de tal suerte que se pudieran poner a salvo, junto con sus crías.
El compañero Búho, sabio y conocedor, autoridad moral de las aves, fue el encargado de hacer el ofrecimiento.
- Cada uno de nosotros - dijo el compañero Búho -, te entregaremos una de nuestras plumas y te convertirás en el ave más hermosa del bosque; tendrás una vida mejor y dejarás de arrastrarte por el suelo. A cambio, te pedimos que nos cuides, que vigiles el bosque y que, en caso de un ataque, nos avises a tiempo, para ponernos a salvo.
Luego de que el pájaro aceptó el ofrecimiento, el compañero Búho le colocó la primera pluma y, enseguida, cada una de las otras aves, el Pavo Real, la Paloma, la Golondrina, el Águila y muchas más, hicieron lo propio y entregaron una de sus plumas.
Y fue así como aquel horrendo pajarraco, que arrastraba su fealdad por el pantano, se fue transformando en el ave más maravillosa y fascinante de que se tuviera memoria.
Durante un buen tiempo, la vida de las aves siguió su curso, sin que nada ni nadie alterara la apacible calma del bosque.
En tanto, la hermosa ave, encargada de vigilar y que, antes, se arrastraba por las orillas del pantano, ahora, se pasaba horas enteras, observando su maravilloso plumaje, reflejado en el agua cristalina del estanque.
Y fue así como, una mañana de otoño, las aves sanguinarias, sedientas de sangre, invadieron el bosque: saquearon, golpearon, hirieron y mataron a cientos de aves que fueron sorprendidas y se hallaban indefensas, mientras el ave de maravilloso plumaje, cuya única obligación era vigilar y avisar del peligro, contemplaba su extraordinaria belleza, en el reflejo del estanque.
Tomadas por sorpresa, las aves del bosque no tuvieron tiempo de defenderse ni ponerse a salvo, y fueron víctimas de un brutal ataque, que dejó tristeza y desolación
Una vez evaluados los daños, luego de sepultar a sus muertos y atender a los sobrevivientes, las aves del bosque se reunieron en Asamblea de Emergencia e hicieron comparecer a la hermosa ave que, sin haberse dado cuenta de lo sucedido, aun permanecía en contemplación.
Fue el compañero Búho, el encargado de enumerar los cargos en su contra.
- Te hicimos el ave más bella del bosque - dijo el compañero Búho -. Cada uno de nosotros, te entregó una pluma y, de ser un horrendo pájaro, te convertimos en un ser maravilloso. A cambio, sólo te pedimos que nos cuidaras y avisaras del peligro. Pero tú, traicionaste nuestra confianza y, en lugar de de protegernos, te dedicaste a la contemplación de tu belleza.
El compañero Búho hizo una pausa, y continuó:
- Tu castigo, por haber traicionado la confianza que depositamos en ti, será que, cada uno de nosotros, retirará de tu cuerpo la pluma que te entregó.
Y fue así como, cada una de las aves del bosque, el Faisán, la Tórtola y todos los demás, retiraron la pluma que, tan generosamente, habían entregado, hasta que, la hermosa ave de deslumbrante plumaje, quedó convertida en un horrendo pajarraco, sin alas y sin plumas, que arrastraba su fealdad por las orillas del pantano.
*por la trascripción, EEPM