EL PRD, PARTIDO DE PERDEDORES.
Por Elios Edmundo Pérez Márquez

“La victoria tiene muchos padres,
pero la derrota es huérfana”.

El día de hoy (miércoles), en las instalaciones de los Consejos Distritales Electorales, se estará llevando a cabo el cómputo de votos, de la elección del domingo.
Si no ocurre un cataclismo, ni estalla la Tercera Guerra Mundial, los resultados que ese cómputo arrojará, son los mismos que vimos el domingo por la noche o lunes por la madrugada y que todo mundo ya conoce.
Señalo lo anterior, no sólo por tratarse de una gran verdad, sino porque, para los militantes y/o simpatizantes del PRD, sería muy conveniente que, por primera vez, aceptaran esos resultados como tales y, por tanto, la derrota; de tal suerte que, a la postre, puedan edificar sobre lo que quede, y no sobre castillos en el aire, como suele suceder casi siempre.
Otra gran verdad es que las elecciones se ganan con votos y, en esta ocasión, los votos no favorecieron al PRD, a pesar de que, en los hechos, tuvo el mismo tiempo que el PRI, para prepararse, re organizarse y fortalecerse.
Desde hace al menos 6 años, los miembros del PRD, sus dirigentes, representantes populares y posibles aspirantes, sabían que llegaría ese plazo fatal. Sin embargo, a diferencia de sus adversarios, que se prepararon concienzudamente, los perredistas dejaron correr todos los tiempos y, cuando se dieron cuenta, ya era el cuarto para las doce, ya no había tiempo para nada y, aún así, todavía se dieron el lujo de realizar una consulta pública, de carácter “indicativo”.
En esa consulta, como suele suceder, los militantes perredistas dieron su mejor esfuerzo y ya no pudieron aportar lo suficiente para la justa del domingo. Es decir que, a diferencia de las elecciones internas y/o consultas indicativas, en las que actúan con todo fervor y echan toda la carne al asador, en las elecciones de a de veras, no son letales ni contundentes; apenas cumplidores, como la tarjeta
No tiene remedio. Lo hecho, hecho está. No se acabó el mundo aunque, para algunos, pareciera. “Perdimos una batalla, dirían los clásicos, pero no la guerra”. Es una elección. Sí contra un partido lleno de mañas y con vastos recursos, como para “convencer”, no sólo a los habitantes de un Estado, sino del mundo entero. Sí. Contra eso se luchó, pero del otro lado, no había punch, nunca hubo contundencia y se tuvo que improvisar a la hora de la hora.
“La unión hace la fuerza”, dicen. Y tal frase nunca tuvo mayor significado que el domingo anterior, cuando todo había concluido porque, en efecto, habiendo contado con el mismo tiempo para prepararse, el PRD se vio mal de condición física, falto de reflejos, fuera de forma; habiendo tenido el mismo chance de convencer, no convenció; habiendo tenido las mismas posibilidades para conformar una estructura de promoción del voto y cuidadores de casilla, no la conformó, a pesar de que cuenta con un padrón de 25 mil afiliados que, como siempre, quién sabe si serán de carne y hueso.
Al no haber cumplido con estos requisitos, los perredistas volvieron a confiar en la ilusión, en los Santos Reyes y la magia de la Navidad; lo cual, irremisiblemente, los llevó a la desesperación.
Al no tener una propuesta qué ofrecer a la gente, ni ser una opción real para transformar a la sociedad, que se debate entre la miseria y la desigualdad, con honrosas excepciones, los militantes del PRD, han equivocado los caminos que llevan a la construcción de una agenda que pueda ser aceptada por las mayorías.
Todos estamos seguros de que la gente, está harta del PRI, si, y desde hace muchos años; los mismos que el PRD tiene sin poder ser una opción, sumido en sus pugnas internas, en el protagonismo de sus dirigentes y haciendo todo lo posible por parecerse al PRI.
Conocemos más de un reporte en Xalostoc, donde militantes perredistas, a bordo de un camioneta blanca y desde su posición de apóstatas amarillos, se dedicaron a inhibir el voto ciudadano y amenazar a la gente que se dirigía a la casilla.
¿Desde cuándo el PRD encabeza esos malos modos? ¿Cómo fue que llegaron hasta ahí? ¿A quién se le ocurrió amenazar a la gente para que no votara? ¿Por qué no, en lugar de ello, se tomaron el tiempo suficiente para organizar a la gente, para ofrecerle alternativas, para ser una opción válida?
Nadie se puede llamar a engaño, a menos que se quiera engañar. Todos sabían que el adversario era poderoso y venía con todo. ¿Alguien habrá pensado que respetaría las reglas del juego y actuaría en estricto apego a la ley?
No. Entonces, el resultado es lógico y era previsible. Lo que se haga después, no tendrá ningún sentido ni validez; si acaso, para vender otra falsa ilusión, tan pasajera como la anterior. A falta de votos, algunos perredistas, no todos, se volvieron a poner en evidencia. De nada sirvieron las muchas vueltas que dieron en su camioneta, espantando a la gente. No tenían ningún derecho para hacer eso, ni aun suponiendo que esa gente, iba a votar por el PRI.
Pero, vuelve a aparecer el escenario de la facilidad. Es más fácil y divertido dar vueltas en una camioneta, durante el domingo, que convencer, juntar y organizar a la gente, suponiendo que se es una opción de Izquierda, no sólo de dicho, sino de hecho.
“¿Quieres conocer a un hombre? Dale poder”. ¿Quieres conocer a un perredista? dale una camioneta o un radio trasmisor, un celular o una raqueta; de cualquier modo, no le dará el uso adecuado, pero sentirá que, por haber viajado a Cuba y ponerse una boina como la del Che, ya es un luchador de Izquierda.

eliosedmundo@hotmail.com