FINAL DE CICLO

Por Elios Edmundo Pérez Márquez.

Su desaparición anticipada del escenario político; su derrota, por default, en la lucha electoral; la pretendida, y frustrada, alianza con el PAN; la falta de un proyecto concreto, el escaso oficio de sus dirigentes, la falta de una estructura territorial, su nula presencia en el norte del país, el desapego a sus documentos básicos, los acuerdos en lo oscurito; sectarismo, nepotismo, fanatismo; el pago de facturas, el ajuste de cuentas y los premios de consolación, independientemente del resultado que se dé el día de hoy (ayer), configuran, a pesar de todo lo que se diga, la inminente extinción del PRD.
Desde su fundación, en 1989, la existencia del PRD ha estado en riesgo permanente, no sólo por ser el enemigo natural de los gobiernos en turno sino, principalmente, por los constantes conflictos internos que protagonizan sus militantes, en la eterna disputa por los cargos de dirección y representación popular, y los espacios que ofrecen, todas y cada una, de las distintas corrientes que venden seguridad.
De ser un partido que nació como respuesta al fraude electoral de 1988 y que luchaba por los intereses de las clases más desprotegidas, el PRD terminó por adoptar las formas, el estilo y el comportamiento del peor PRI del que se tenga memoria: despotismo, corrupción, nepotismo, clientelismo, corporativismo, simulación, etc., además de la compra de votos, el acarreo, las dádivas y una mala relación con la sociedad a la que dice representar y de la que, día con día, se distancia más; al grado que ya no se diferencia, en casi nada, de sus adversarios.
Con honrosas excepciones, las organizaciones sociales, piedra angular en la construcción y fortalecimiento del PRD, al cabo de 22 años, se convirtieron en negocios muy rentables; negocios de familia, peores o iguales a las que, en su momento, creó el Partido Revolucionario Institucional, para explotar, esquilmar y controlar a la gente más necesitada, y utilizarla como carne de cañón en los procesos electorales.
Como consecuencia lógica, en los hechos, toda organización social que nacía, en el mejor de los casos, sustituía al Partido en las temporadas preelectorales pero, en el peor, lo suplantaba, y le hacía creer a la gente que esa OS era la antesala del partido y que la gestión con el gobierno municipal, la negociación y la cuota obligatoria, eran el camino hacia la redención; el camino que los acercaba a la tierra prometida y al maná. Sólo había que esperar los tiempos electorales.
Cuando despertamos, las Organizaciones Sociales todavía estaban ahí. Se habían reproducido como hongos y había nacido un nuevo oficio o profesión, que lo abarcaba todo: el líder social o luchador social.
En cualquier empresa o institución, donde los ciudadanos comunes y corrientes, vendían su fuerza de trabajo, a cambio de un salario, tenían que negociar salarios o prestaciones y, por lo tanto, hablaban a nombre de su gremio o sector pero, en el caso de la OS, el líder hablaba en nombre del líder y resultaba imposible que viera más por el bien de sus agremiados, que por el bien propio, es decir, el líder social, siempre se llevaba la mejor parte: no tenía que negociar para su gremio, sino para sí mismo.
Y resultaba lógico pensar que el partido solapaba esta actividad que, a fin de cuentas, no le servía para avanzar en la toma del tomar porque, sigue siendo real que los partidos son una parte de la sociedad que se junta para tomar el poder. Sin embargo, un partido hecho o amalgamado por Organizaciones Sociales, ya no pretendía tomar el poder: le resultaba más lucrativo, perder las elecciones, por las negociaciones y acuerdos que podía realizar con el gobierno en turno.
Fue así como, desde hace algunos años, en Ecatepec, desapareció el PRD. Acciones, propuestas, consultas sobre el presupuesto municipal, capacitación, asambleas, juntas, marchas, plantones, caravanas, cadenas humanas, conferencias, mesas redondas, debates, la posibilidad de interactuar, se dejaron de realizar y perdieron su razón de ser.
Y, pese a que, en el 2006, se logró un triunfo arrollador, éste no fue resultado de una estructura consolidada o unos candidatos excepcionales, sino derivado del efecto AMLO. Sin embargo, el daño ya estaba hecho y, no obstante que la debacle se veía venir, continuaron ese tipo de prácticas, hasta que el PRD se diluyó, mientras las OS, con todos los derechos y sin ninguna obligación, se fortalecían y, lejos de parecer OS, parecían pequeños partidos, con instalaciones y recursos; de tal suerte que cada uno de los militantes, querían formar uno de esos organismo, de los que eran dueños y señores, y nadie les podía disputar el liderazgo.
Cierto. Hace varios años que, en Ecatepec, el PRD ya no existe; ya no hay militancia real, vida orgánica ni gente libre; sólo ese amontonamiento de siglas que administran la miseria y pactan con la autoridad; en su mayoría, subordinados al poder, que obedecen sin chistar; empleados; personajes, sin oficio ni beneficio, que carecen de un modo honesto de vivir; que, en el mejor de los casos, primero, obtuvieron el empleo y, luego, sintieron el ánimo de recibir el cobijo del Partido y, en el peor, ni siquiera han sentido la necesidad de suscribir una solicitud.
Eso es el PRD, un partido que, como un ejército en la batalla, debería contar con generales, coroneles, sargentos, soldados, infantería, caballería, marina: una cadena de mando, una estructura, una disciplina: una mística y un objetivo en común pero, por el contrario, carece de todo ello porque, con honrosas excepciones, los “luchadores sociales” que lo integran, se creen con el derecho a ostentar el grado de generales, aunque jamás hayan librado una sola batalla; todos pretenden demostrar supremacía, y todos quieren dirigir, como si fuera lo mismo cobrar cuotas y otorgar permisos, que dirigir un partido político.
El PRD, partido que estaba destinado a transformar la realidad de una nación, terminó su ciclo productivo y dejó de ser el Partido de la Esperanza, para quedar convertido en un partido testimonial, con suficientes votos para disputar una, dos y hasta tres, o más Regidurías: las migajas de una elección.
El resultado de la elección del día de hoy (ayer) es consecuencia de las confrontaciones, de la mala dirección, de pretender formar cada quien su propia oligarquía, de la falta de disciplina; de haber cerrado el partido a la gente y no renovarse; de haber comprado la ilusión: de engañar a la gente con un nuevo programa de afiliación, de no haber construido Comités de Base porque todos los perredistas saben que hay desigualdad; saben que hay inseguridad y desempleo, hambre, ignorancia, deuda externa que se paga con petróleo, mala educación y un futuro incierto que pinta peor pero, con honrosas excepciones, no se juntan entre ellos, para evitarlo .


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